Dar el paso hacia una cirugía bariátrica no es solo una decisión médica: es, para muchos, una elección profundamente personal que implica cambiar el rumbo de la propia vida. Así lo vivió Inés, quien hoy comparte su historia como un ejemplo de compromiso, valentía y confianza en un proceso que va mucho más allá de lo físico.
“Durante muchos años soñé con acceder a un tratamiento bariátrico. Recorrí muchísimos lugares buscando información, pero siempre parecía una posibilidad lejana, casi imposible. Hasta que un día conocí CLIBA, y ahí todo cambió. Por fin sentí que podía alcanzar ese gran sueño: realizarme la operación bariátrica. Yo estaba completamente convencida de que esa era la única opción real y efectiva para tratar el problema de obesidad que me acompañó toda la vida. Tuve mi primera entrevista con el Dr. Gonzalo Lluviera, quien me explicó en detalle el procedimiento y los distintos métodos disponibles.
Luego, hablé con el Dr. cirujano Javier Fender, quien me recomendó el bypass gástrico como la opción más conveniente para mi caso. Desde ese momento, el equipo médico me transmitió tanta seguridad y confianza que me entregué al proceso con tranquilidad y fe plena en ellos. Todo se fue dando de forma natural. Seguí cada indicación médica con compromiso, y los resultados no tardaron en llegar”, comenzó relatando.

El cambio fue maravilloso “paulatino pero sostenido, y con cada paso me sentía mejor”. “El cambio físico comenzó a notarse, pero lo más importante fue cómo mi cuerpo lo agradeció. Empecé a perder peso, y eso alivió mis rodillas y caderas, que tanto me preocupaban. Mi objetivo era claro: tener una adultez y vejez saludable, y evitar el destino que vivieron mi madre y mi abuela, quienes perdieron la movilidad y terminaron en una silla sin autonomía”, dijo.
Sin embargo, en su caso, hubo un episodio inesperado: “A las tres semanas de la cirugía, cuando ya estaba incorporando alimentos sólido y todo iba bien, noté que tenía los ojos amarillos. Intuí que algo no estaba bien, así que consulté de inmediato con el Dr. Fender. Él me confirmó que no era normal y me indicó acudir a mi prestador de salud. Estuve internada diez días por un cuadro de ictericia de origen desconocido. Afortunadamente, así como llegó, se fue sin dejar secuelas. Fue solo una anécdota dentro de todo el proceso. Lo importante es que durante todo ese momento, nunca me sentí sola.
El equipo médico de CLIBA me respaldó, me acompañó y me sostuvo, algo fundamental en esos momentos de incertidumbre, cuando no hay un diagnóstico claro. Hoy, miro hacia atrás y no tengo dudas, fue la mejor decisión de mi vida. Aposté por mi salud, por mi futuro, por una vejez activa y plena. Estoy feliz y agradecida. A quienes están con dudas, les diría que se informen, que confíen, y que se animen. Es, sin lugar a dudas, una de las decisiones más importantes y transformadoras que pueden tomar. ¡No se van a arrepentir! Al contrario, van a ganar en salud, calidad de vida y bienestar”, comentó.

El recorrido de Inés refleja una realidad compartida por muchas personas que conviven durante años con la obesidad: la búsqueda constante de soluciones y la sensación de que el cambio definitivo está siempre fuera de alcance. En su caso, el encuentro con un equipo médico especializado marcó un antes y un después.
La cirugía bariátrica, y en particular el bypass gástrico, no solo implica una intervención quirúrgica, sino también un proceso integral que requiere acompañamiento profesional, compromiso del paciente y seguimiento continuo. La experiencia de Inés destaca, además, la importancia del sostén emocional y médico en cada etapa, incluso frente a imprevistos.
Hoy, su historia es testimonio de que es posible transformar la calidad de vida cuando se combinan decisión, información y un equipo de salud que brinde confianza. Más allá de los resultados físicos, el verdadero cambio radica en recuperar bienestar, autonomía y proyectar un futuro con mayor salud.

