¿Cómo integra Cliba el entrenamiento físico en el tratamiento más efectivo contra la obesidad?

¿Cómo integra Cliba el entrenamiento físico en el tratamiento más efectivo contra la obesidad?

Las claves para incorporar la actividad física en el marco de la cirugía bariátrica y lograr los mejores resultados

Atarse los cordones o caminar hasta el almacén puede ser una odisea para quienes padecen la enfermedad que es la obesidad, y se ven impedidos de vivir de forma plena. Para acompañarlos en un proceso de descenso de peso eficaz, la clínica bariátrica y de tratamiento de la obesidad Cliba propone la cirugía como una opción que implica un cambio de vida definitivo, y en este camino incorpora distintas áreas para que el paciente alcance el éxito de la mano de profesionales.

Además de las áreas médica, psicológica y nutricional, desde Cliba se apuesta al entrenamiento físico ajustado a las necesidades de los pacientes y, luego de operarse, de los requerimientos que tendrá su nuevo cuerpo. A propósito, la licenciada en Educación Física Lorena Cabrera, encargada de Cliba training, conversó con El Observador.

«Los pacientes que llegan a Cliba tienen limitaciones como, por ejemplo, subirse a un ómnibus y no poder entrar bien, ocupar dos asientos en lugar de uno o no poder pasar por determinados lugares», apuntó Cabrera. A esto se le suma todo lo vinculado a la mirada del otro, «a salir a la calle y que la gente te mire, te esquive o no se siente contigo».

En la visión de la encargada de Cliba training, estas cuestiones del día a día, como no poder jugar con sus hijos o nietos o no poder caminar unas cuadras, llevan a los pacientes a hacer lo mínimo indispensable: «también los limita a nivel social porque no van a reuniones ya que no tienen qué ponerse porque no encuentran una ropa adecuada y no se ven lindas», detalló Cabrera.

Todo eso que limita la movilidad hace cada vez más grave el problema a nivel psicológico. Esto incide fuertemente en la decisión de un cambio drástico de vida como es una cirugía bariátrica.

Fuente/Nota completa: El Observador